
En un reciente artículo de La Vanguardia, el psicólogo Alejandro Villena afirma de forma contundente que “los creadores de esta tecnología saben perfectamente que está diseñada no para ayudar, sino para generar adicción. Y para ellos, nuestros adolescentes no son adolescentes, sino que son clientes”.
Este planteamiento invita a revisar con rigor el papel que las plataformas digitales juegan en la vida de los jóvenes y cómo, desde la prevención y la educación, podemos acompañar procesos de uso más consciente.
Villena señala que muchas grandes plataformas no solo conocen los efectos que sus productos tienen sobre la atención, el autocontrol o las relaciones sociales de los adolescentes, sino que han diseñado sus algoritmos y estructuras para retener su atención, segmentar sus datos y monetizar su comportamiento.
Es decir, la tecnología deja de funcionar únicamente como herramienta para convertirse en producto de consumo, y el joven pasa a ser “cliente” antes que usuario.
Los adolescentes, en plena fase de desarrollo de su identidad, emociones y vínculos, presentan mayor vulnerabilidad a:
Desde Piénsatelo Psicología, consideramos que este enfoque exige tres líneas de acción prioritarias:
Lo relevante no es demonizar la tecnología, sino reconocer que no todas las experiencias digitales son positivas por defecto. Cuando el diseño de la tecnología se alinea con la generación de adicción —y no con el bienestar—, estamos ante un problema colectivo que exige respuestas tan amplias como las propias redes sociales.
Villena lo resume así: “Y para ellos, nuestros adolescentes no son adolescentes, sino que son clientes”. Esta frase debe resonar como advertencia, pero también como llamada a la acción.