“En nuestra casa tenemos filtros parentales“, “mi hijo es muy maduro para esas cosas“, “con las chicas no hay problema, eso es cosa de chicos“.
Estas son algunas de las frases más comunes que escuchamos en el entorno educativo y familiar. Existe una tendencia natural a pensar que nuestros hogares están a salvo de todo el contenido que circula por la red, en especial, el de la pornografía, creando una falsa sensación de seguridad.
Sin embargo, los datos recopilados y estudiados por el director de nuestro centro Alejandro Villena nos muestran una realidad alarmante. Cómo creemos que viven nuestros hijos dentro del mundo digital dista mucho de la realidad.
Los padres estiman que solo un 13.2% de sus hijos y un escasísimo 6.9% de sus hijas consume pornografía. Mientras que la realidad es aplastante, el 90.5% de los adolescentes de entre 13 y 18 años ha consumido contenidos explícitos en los últimos años. Es más, el primer contacto se ha vuelto extremadamente precoz, situándose la media entre los 9 y los 11 años de edad , y un 93.3% ya ha accedido antes de cumplir los 14 años.
Esta diferencia de percepción genera un grave problema: al asumir que “a mi hijo no le pasa”, las familias bajamos la guardia. Esto deja a los menores completamente desprotegidos ante algoritmos diseñados para retener su atención mediante contenidos catalogados como hardcore o crudos (el formato que consume el 76.25% de los jóvenes).
De hecho, el acceso ya ni siquiera es voluntario: el 72.6% de las chicas y el 66.2% de los chicos han recibido material pornográfico de forma totalmente accidental en sus dispositivos.
La solución a esta crisis de salud pública no pasa por la sospecha constante, el castigo o la implantación de medidas rígidamente conservadoras o represivas hacia el sexo, ya que la ciencia demuestra que este tipo de enfoques a menudo produce el efecto contrario, aumentando el consumo oculto en los adolescentes.
La verdadera prevención radica en el vínculo y el afecto:
Los programas preventivos que mejor funcionan son aquellos que enseñan a las familias a hablar de la sexualidad con normalidad y rigor, ayudando a los jóvenes a desarrollar un pensamiento crítico hacia la pornografía. Aprender a cuestionar la violencia, los estereotipos de género y las falsas expectativas que transmiten las pantallas es otro factor de protección importante frente a los peligros que supone el consumo de pornografía.
Es importante tomar conciencia de que los niños y adolescentes están desarrollándose en un entorno completamente digitalizado. Y en muchas ocasiones no serán ellos quienes busquen acceder al contenido pornográfico, si no, que será ese tipo de contenidos los que les “busquen” a ellos. Por ello, es importante educar a nuestros hijos antes de que la pornografía les eduque por nosotros, con todos los riesgos que esto conlleva.
Aunque no sea una tarea sencilla, es posible, aprendiendo más acerca de las consecuencias de la pornografía, ofreciendo a nuestros menores un entorno y espacio seguro para hablar, hacer preguntas, conocer su sexualidad y aprender de una forma sana y respetuosa hacia ellos mismos y los demás.
Referencias: