Si miramos a nuestro alrededor encontraremos que son pocas las personas que no tienen en la mano su teléfono móvil. Ese dispositivo práctico, accesible y con contenido ilimitado que llevamos a nuestro lado prácticamente las 24 horas del día. La tecnología secuestra nuestra atención y nos sirve en bandeja una gran cantidad de contenido sexualizado que inevitablemente afecta a nuestra mirada,
Esto es lo que el director del proyecto de Piénsatelo Psicología, Alejandro Villena nos habla en el podcast Tengo un plan. Rompe con el enfoque tradicional de “prohibir” y nos propone algo mucho más potente: un entrenamiento de desprogramación mental.
No se trata de reprimir tu sexualidad, sino de recuperar la soberanía de tu cerebro.
El primer paso para sanar es entender qué le ha pasado a nuestra forma de mirar. A nivel biológico las neuronas espejo, muy importantes para comunicarnos y relacionarnos, se ven alteradas y deterioradas por el consumo de pornografía. En lugar de ver a una persona, a un sujeto vemos a un “objeto”, pasamos de cuidarlos a usarlos.
El cerebro adicto funciona en modo automático: ve un estímulo (aburrimiento, soledad, una foto en Instagram) e inmediatamente busca la respuesta analgésica (el porno o la estimulación rápida).
El móvil es el puente de acceso más rápido a la hipersexualización. No puedes desexualizar tu mente si mantienes las mismas rutinas digitales que te venden una idea equivocada de la sexualidad.
El objetivo final de la terapia para desexualizar el cerebro es que recuperes la libertad de decidir dónde pones tu atención. Que cuando mires a tu pareja, a un amigo o a ti mismo, no veas a un objeto de consumo, sino a un sujeto, a un ser humano con el que conectar de forma auténtica.
Si notas que te cuesta concentrarte, que tu mente viaja constantemente hacia pensamientos intrusivos o que el móvil y la pornografía han alterado tu forma de mirar a los demás, estás experimentando los efectos de la saturación digital y la pornografía. La buena noticia es que tu cerebro puede desexualizarse, puedes recuperar una mirada profunda y sana hacia ti mismo y los demás.